A veces me pregunto si solo seremos mis sueños y yo el resto de la vida, si quedará mi voz hablándole al eco de mis pensamientos, sin nadie más que mi reflejo para escucharla. Si estoy hecha para vivir al máximo en compañía de mis ideas, sin temerle al silencio, sin necesitar más brazos que los míos al abrazarme. Quizás solo comparta mis días conmigo misma, mis victorias, mis lágrimas, mi forma de ver el mundo como un rompecabezas que solo yo entiendo. Tal vez nací para hacerme feliz a mí misma, para amarme con la devoción que otros no supieron darme. Y aunque a veces duela no conectar, no sentir esa intensidad con nadie más, hay una paz extraña en saber que, si me quedo sola, no será en soledad… será en compañía de todo lo que soy.
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