En el tren de la vida, todo pasa rápido, los minutos pesan distinto según lo que hagas con ellos. Hay estaciones breves, otras eternas, y yo solo vivo en unas cuantas de las infinitas que existen. En ese tren, en un vagón cualquiera, en un asiento que tomé hace un año, olvidé una bufanda. Una bufanda que abrazaba mi cuello, que me protegía del frío, de los malestares, de los días grises y los pensamientos rotos. Tenía olor a amor, a seguridad, a hogar. La dejé atrás, sin darme cuenta, como se suelta algo que aún se necesita. Esa bufanda, esa felicidad, sigue viajando en el tren que yo perdí. Yo me quedé en la estación, sin saber qué rumbo tomar, mirando los rieles, esperando otro viaje que no será el mismo. Porque esa bufanda ya no me espera, porque yo no voy en la misma dirección.
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