domingo, 8 de marzo de 2026

Ceguera Elegida

 La vida me habla en señales,

claras, insistentes, casi crueles,
y yo, completamente consciente,
decido ceder ante la ceguera.

Cierro los ojos
aun cuando ya me han quitado la venda.
No fue el destino,
no fue la suerte:
fue mi elección.

Y lo acepto.

Porque fui yo
quien pensó que aquel hombre
que abrió sus brazos
y prestó sus oídos a mis palabras
podría ser el indicado.

Aun cuando apenas rozaba
mis propios estándares,
los mínimos, diría yo.

Y aun así
me enamoré.

Caí ante la ceguera
no por ignorancia,
sino con plena conciencia.

Porque en el fondo sabía
que él ni siquiera entendía
qué quería ser para sí mismo.

¿Cómo llegué a imaginar
que alguien así
podría desearme?

Alguien que sólo conoce una meta,
pero ignora sus propios deseos,
como si no los tuviera.

¿Cómo puede alguien amar
si apenas reconoce
la idea de desear?

Dice vivir como un alma libre,
que no se deja atar.
Pero esa libertad
suena demasiado
a miedo al compromiso.

Y entonces me pregunto:

¿Cómo podría alguien así
querer quedarse a mi lado?

Alguien que busca mi atención
porque la admiración lo mantiene vivo,
pero es incapaz de admitir
lo que siente.

Aunque sus pupilas lo griten.
Aunque sus palabras lo delaten.

Se aleja de mí
porque no quiere promesas,
porque teme a los lazos.

Y aún así
una parte de mí
insiste en quedarse.

Cuando sé 
perfectamente sé

que ahí
no es,
ni será.

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  “Todo lo que vemos o parecemos es solo un sueño dentro de un sueño.” - Edgar Allan Poe, Un sueño dentro de un sueño