Nunca se detuvo, nunca dejó de latir, pero por un tiempo dejó de sentir, se olvidó de la intensidad con la que podía vibrar y amar. Alguien se fue y lento se volvió mi corazón; cada persona a quien se lo presté después de él solo le bajó el volumen a la canción, tan fácil como girar la perilla del estéreo del carro sin compasión. Lo tocaron, lo giraron, de cabeza lo dejaron. Eso dolió… porque cada quien que pasó lo apagó un poco más, ya casi no sonaba, ya casi no estaba. Pero tú… tú subiste el volumen, te gustó la melodía, y casi una bocina contigo trajiste para que el ritmo renaciera, para que la música volviera. Y aun así, mi amor, me da miedo que un día el volumen quieras bajar, que sientas que no buscabas una intensidad tan alta, una pasión tan viva, una canción tan mía.
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