lunes, 9 de febrero de 2026

Lo que extraño de amar

Extraño compartir con alguien,
no a la persona que fue,
sino el amor:
esa luz tibia que se cuela entre los días
y los vuelve más habitables.

Extraño el sentir,
el vivir,
el experimentar,
el simple milagro de compartir el mundo
con un alma que me mire sin exigencias.

Tener a alguien que me quiera
no por lo que doy,
sino por lo que soy,
como una flor que no trabaja para existir
y aun así merece ser admirada.

Extraño las caricias, los besos,
y esas palabras dulces
que suenan como sabe el algodón de azúcar:
suaves, rosadas, ingenuas,
de esas que se deshacen en la lengua
antes de que puedas atraparlas.

Extraño amar lo que el otro ama,
abrir mis ventanas a su pensamiento,
dejar que su mundo se mezcle con el mío
como dos colores que al tocarse
descubren un tono que jamás habían visto.

Extraño sentir esa magia,
la de estar enamorada de alguien real
y no de la idea de quien quiero que sea.

Extraño ser intensa, celosa, desbordada,
sin miedo,
sin esconder la ola,
sin tener que pedir permiso
para sentir fuerte.

Extraño hablar las cosas de frente,
como una mujer racional y honesta,
sin ese temblor pequeño que susurra:
“¿y si me rechaza por ser como soy?”

Extraño tener la seguridad
de que no van a abandonarme
por pensar diferente,
por cuestionar,
por arder,
por ser una llama que a veces quema
y a veces ilumina.

Extraño estar entre unos brazos
y sentir ese calor que no solo abraza mi cuerpo,
sino también mi alma,
mi historia,
mi caos,
mi ser completo.

Extraño que alguien me vea no por lo que doy,
sino por lo que soy:
desde mi cabello hasta mi más mínimo defecto,
y que lo ame todo,
todo,
todo,
sin medida y sin miedo.

Extraño estar enamorada
y que alguien, con la misma fuerza,
esté enamorado de mí.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

  “Todo lo que vemos o parecemos es solo un sueño dentro de un sueño.” - Edgar Allan Poe, Un sueño dentro de un sueño